La metáfora de la construcción

3 04 2007
Cuando se empieza a construir algo siempre hay que empezar con una buena base. La fortaleza de los cimientos permitirá hacer una gran construcción y eso es justo lo que queremos. Por tanto, hay que hacer un gran esfuerzo en la consecución de una base robusta, preocuparse porque los materiales sean los mejores, que los que lo hacen sean muy buenos en ello, que mucha gente se interese por esa construcción, etc.
Una vez conseguido esto se puede empezar a crecer, a colocar ladrillos y ladrillos que formen el resto de lo que queremos construir. Pero cuidado, si la base no se hizo bien, estos ladrillos empezarán a caerse. Un ladrillo terminará cayéndose, dos también, así hasta que todos los ladrillos que se van poniendo se vayan cayendo. Da igual los que se pongan, se caerán. Esto impedirá que la construcción crezca y no es ese el peor de los problemas sino que los ladrillos que se van cayendo irán minando al núcleo construido haciendo que se empiecen a desprender fragmentos de éste.
El final está claro, con un núcleo poco robusto todo lo que se ponga encima se caerá y acabará llevándose consigo al núcleo. Si el núcleo es muy robusto, podrá sostener un gran edificio.
Por supuesto, esto es aplicable a muchos aspectos de la vida y al mundo empresarial también.

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